MAS SABE EL DIABLO
La historia comienza con ESPERANZA, 23 años atrás, que camina por las calles de Nueva York una noche fría, con cara de angustia y de dolor, llevando una pequeña maleta. Acaba de llegar a la ciudad y es claro que ha empezado a tener las contracciones de parto y que su hijo está a punto de nacer. Sin saber qué hacer ni a quién pedir ayuda, decide refugiarse en una estación de Metro donde, al menos, no hace frío. Pero los dolores cada vez son peores y finalmente Esperanza no tiene más remedio que acurrucarse en algún rincón del maloliente y sucio lugar, sacar de la maleta una cobija y echarse en ella. Su hijo va a nacer y nada va a poder evitarlo. A pesar de que la estación no está despoblada, los transeúntes no reparan en ella y los que la miran, no lo hacen más de un par de segundos. El único que llega en su ayuda es SANDRO, quien conmovido con la situación, decide socorrerla. Pero es demasiado tarde para llevarla a un hospital. El niño está naciendo. En medio de la angustia, Sandro le brinda al menos una mano de apoyo mientras Esperanza tiene a su hijo en medio de gritos desgarradores de dolor.
Las imágenes se vuelven borrosas y ahora son el recuerdo de ese niño que nació en un lugar improbable en medio de las peores condiciones posibles: ANGEL, que se levanta un día más en la rutina de siempre en la cárcel en que cumple sus tres años de condena. Y ese día precisamente, es el día de su Audiencia para decidir si se le otorga la libertad bajo palabra o no. MANUELA, su abogada, ha ido a visitarlo, no solamente a felicitarlo, sino a darle una buena noticia: logró su libertad, tan sólo después de un año y medio de estar retenido. En sólo unos días, le espera la libertad. Angel recibe la noticia con alegría y si no fuera porque entre Manuela y Angel existe un mundo de distancia, probablemente la alzaría en brazos y la besaría para celebrar su dicha. Entre estos dos seres de universos opuestos y distintos, no existe más que el vínculo obligado de un abogado y su cliente, pero los televidentes podrán notar que también hay una química innegable. Al marcharse a su libertad, Manuela le insiste a Angel que si algún día la necesita, no dude en llamarla. Le entrega su tarjeta profesional, que él guarda con cuidado y se va con las palabras finales de ella: “haga algo bueno de su vida, Angel. Un hombre como usted tiene toda la vida por delante”.
Aunque Angel nació y creció en un entorno agresivo, sin acceso a comodidades ni lujos, los recuerdos de su infancia son agradables. Su mamá era asistente de cocina en un hotel de mediana escala en Queens y, sin tener manera de dejarlo siempre al cuidado de una niñera cuando tenía turnos nocturnos, no tenía más remedio que llevar al pequeño Angel consigo. En una cama improvisada en un rincón de la cocina del hotel, Angel pasó horas escuchando cómo se preparaban los platos, oliendo los maravillosos aromas que provenían de las ollas y contemplando a SANDRO, el cocinero, decorando los platillos.
Tal vez las palabras de Manuela, los recuerdos o una mezcla de ambas cosas sumada a tener que vivir un año y medio tras las rejas de una cárcel han hecho que hoy, cuando Angel ha salido de nuevo a la libertad, haya tomado la determinación de cambiar su vida por completo, abandonar su “profesión” de ladrón y dedicarse a algo que lo saque a él y a su mamá de la vida que llevan. A su regreso al barrio, donde lo espera una gran celebración en su honor por parte de todos los de la banda, menos de “EL CACHORRO”, que había visto en la ausencia de Angel su oportunidad para lucirse ante su padre, sus planes se derrumban cuando se entera de que LEON, el jefe de la banda, se ha ocupado de Esperanza, su mamá, durante los 18 meses que Angel ha faltado, pues incapaz de seguir trabajando en el hotel por culpa de una artritis que se ha puesto peor en los últimos meses, se vio obligada a recurrir a él. Y la única manera de pagar la deuda a León es seguir a su servicio y a la brevedad, pues hay un nuevo plan en marcha, para el que Angel ha llegado justo a tiempo: 5 días más tarde, en el Salón “Velvet” del Hotel King Louis en Manhattan. Lo que León ha planeado es robar casi 1 millón de dólares en joyas donadas por las casas de joyería más importantes del país, para subastarse a beneficio de la Fundación para la Juventud Latina de Nueva York.












